En la lujosa y espaciosa sala de estar, Celeste estaba sentada en el sofá, aplicándose una bolsa de hielo en la cara enrojecida por las marcas de rasguños. Nadia recorría la habitación, observando cuidadosamente cada uno de los detalles.
—Después de tantos años, el gusto de Lorenzo sigue siendo tan vulgar, nada más que dinero —concluyó Nadia, sacudiendo la cabeza con desdén después de dar una vuelta por la sala.
Celeste no supo qué decir al respeto...
Aunque Nadia y Lorenzo estaban en un matrimo