El aeropuerto.
Celeste llegó primero al aeropuerto, compró su boleto y entró a la sala de espera.
En ese momento, su teléfono sonó. Era un número desconocido.
Ella lo contestó directamente:
—¿Hola, con quién hablo?
—¡Celeste, no te basta con seducir a Lorenzo, ¿ahora también acosas a mi esposo? ¡Maldita perra! ¿Crees que soy una persona tan fácil de intimidar?
Se escuchaban de inmediato los furiosos gritos de Isabella.
Celeste quedó aturdida por los gritos.
No pudo evitar alejarse del teléfono