—No, gracias. Tengo asuntos pendientes al mediodía, así que no me quedaré. Ustedes coman solos —le rechazó Celeste.
A Rosalina no le caía nada bien ella, y si todavía tenía que tomarse la molestia de cocinarle, no sabía lo que iba a pasar.
—Está bien, entonces no te retraso más. Celeste, cuando regreses, recuerda hablar con Lorenzo sobre el levantamiento del embargo —sonrió Manuel y le dijo.
Celeste se mordió suavemente el labio:
—Te informaré si hay noticias.
—Entonces esperaré tus buenas notic