Los ojos brillantes de la joven parecían estar llenos de ilusión hermosa, como si fueran estrellas recién lavadas.
Lorenzo la miró fijamente, pero de repente tuvo una intuición: ¡La joven que tenían frente a él parecía estar lista para irse en cualquier momento! ¡Esa sensación lo molestaba mucho!
Sus ojos se enfriaron, con sus largos dedos le sujetaron la barbilla y su mirada se clavó en ella:
—Celeste, sin mi permiso, ¡no tienes derecho a dejarme!
En sus ojos, Celeste vio un fuerte deseo de pos