Celeste no sabía qué decir.
Alguna vez había pensado en por qué su papá las había abandonado a ella y a su mamá, pero no se imaginó que la verdad fuera así, como si nadie tuviera la culpa.
El silencio se extendía a su alrededor.
—Celeste, Nieve, ¿ella nunca te habló de mí? —preguntó Manuel.
Los ojos débiles del hombre brillaban llenos de esperanza.
Nieve Torres era el nombre de la mamá de Celeste.
Celeste negó con la cabeza:
—Nunca mencionó nada.
De niña había tenido una enfermedad que le borró