La cabeza de Celeste le ardía, todo su cuerpo le dolía y se sentía muy incómoda. Durante el sueño inquieto, fue despertada por la vibración de su teléfono móvil.
Medio atontada, tomó el teléfono y contestó:
—¿Bueno? ¿Con quién hablo?
—Señorita, el señor Manuel Jiménez ha despertado.
Celeste se despejó de inmediato:
—¿Cuándo despertó? ¿Cómo se encuentra ahora?
—Despertó hace diez minutos, el médico le está haciendo algunos exámenes en este momento.
—¡Voy para allá de inmediato!
Cuando Celeste ll