El hombre emanaba un aura gélida y peligrosa. Su mirada fiera era como la de un lobo hambriento, a punto de clavar los dientes en el cuello de su presa.
Celeste mordió su labio y le respondió:
—Señor Vargas, si tienes la necesidad, puede buscar ayuda de otras mujeres.
En el corazón de Celeste, le agradecía que la hubiera salvado. Sin embargo, eso no significaba que ella quisiera tener una relación física íntima con él. Además, al pensar en que él también había tenido una relación con Joana, sint