El hombre estaba tan cerca, y los recuerdos se le vinieron a la mente de nuevo.
Cuando ella finalmente volvió en sí, mirando al rostro apuesto del hombre que tenía frente a sus ojos, Celeste finalmente no pudo evitar quedarse un poco aturdida.
—¿Por qué me temes? —preguntó el hombre, mirándola con sus ojos profundas. Como si con tan sólo decir una palabra que no le parecía satisfecha, él fuera a devorarla viva.
Ella bajó ligeramente la mirada para evitar la suya y le respondió con voz suave:
—Pe