Lorenzo inhaló profundamente el humo del cigarrillo y luego, con sus dedos largos y esbeltos, sujetó el rostro de Celeste. Su imponente figura se inclinó sobre ella.
Todo el proceso duró solo unos segundos. Antes de que Celeste pudiera reaccionar, el hombre ya la tenía atrapada entre sus brazos... El tenue aroma del tabaco la envolvía, y el apuesto rostro de Lorenzo estaba a solo dos centímetros de sus labios. La corta distancia hizo que el cuerpo de Celeste se tensara al instante y se quedara a