La puerta de la villa se abrió y Rodrigo apareció, sonriendo. "Bienvenida", dijo, con voz cálida y acogedora.
Me sentí un poco nerviosa al verlo, pero intenté disimular. "Gracias", dije, sonriendo tímidamente.
Rodrigo se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. "Me alegra que hayas llegado" dijo, su aliento rozando mi oído.
Me sonrojé y me aparté un poco, intentando recuperar el control. "La villa está igual que cuando éramos unos niños" dije, mirando alrededor.