La puerta de la villa se abrió y Rodrigo apareció, sonriendo. "Bienvenida", dijo, con voz cálida y acogedora.
Me sentí un poco nerviosa al verlo, pero intenté disimular. "Gracias", dije, sonriendo tímidamente.
Rodrigo se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. "Me alegra que hayas llegado" dijo, su aliento rozando mi oído.
Me sonrojé y me aparté un poco, intentando recuperar el control. "La villa está igual que cuando éramos unos niños" dije, mirando alrededor.
Rodrigo sonrió. No ha cambiado mucho, ¿verdad?', dijo, sonriendo más ampliamente.
Me reí también, sintiendo un poco de la tensión desaparecer. "Sigue igual de bonita", dije
Rodrigo me miró a los ojos, su mirada intensa. "Me alegra que hayas venido", repitió.
Vamos, te mostraré tu habitación, dijo, haciéndome un gesto para que lo siguiera.
Me llevó a una habitación hermosa, con una cama grande y una vista al jardín. Puedes descansar un poco si quieres, la cena n