La mirada de Rodrigo se suavizó de una forma que nunca creí ver en el hombre que dirigía Álvarez Group con puño de hierro. El hielo que usualmente cubría sus pupilas se derritió, dejando paso a una comprensión que me hizo sentir, por primera vez, que no tenía que esconderme de él.
—Entiendo tus razones, Alessandra —murmuró, y escuchar mi nombre real en sus labios me provocó un escalofrío—. No importa. Si te sientes más segura así, puedes seguir trabajando en la empresa como Ana Montalvo. No t