La reunión concluyó con el sonido seco de carpetas cerrándose y sillas arrastrándose contra el suelo. Los abogados se retiraron en un murmullo de tecnicismos, dejándome a solas con el fantasma que había vuelto a la vida.
Me puse en pie y acomodé mi chaqueta, concentrándome en la textura de la tela para no perderme en la curva de su cuello. El corazón seguía martilleando, pero logré imponerle el ritmo dictatorial de mi voluntad. Estaba a punto de cruzar el umbral cuando escuché su voz, esa mel