Mundo ficciónIniciar sesiónSalí de la mansión de los Montenegro sintiendo que el aire de la noche me golpeaba como un muro de hielo. Caminé hacia el auto con los pies pesados, como si cada paso me costara una vida entera. Al cerrar la puerta y quedarme en el silencio de la cabina, el peso de la realidad me aplastó de golpe: la había perdido. Y esta vez no era un berrinche, ni una pelea de esas que se arreglan con flores o promesas. Era el final.
Me quedé un momento con las manos apo






