Capitulo 115

‎Manejé hasta la mansión de los Montenegro con las manos apretando el volante con fuerza, yendo a toda velocidad . Al llegar toqué a la puerta y me recibió una de las empleadas de toda la vida, que me miró con una lástima que me revolvió el estómago. Me dejó pasar al gran salón. La casa olía a flores marchitas y a ese silencio pesado que solo dejan los entierros.

‎Alexandra bajó las escaleras minutos después. No llevaba el vestido del cementerio, pero seguía envuelta en r
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