Capitulo 114

El cielo estaba de ese color ceniza sucio, como si al mundo se le hubiera acabado la luz justo el día que Luis se fue. Me quedé atrás, a una distancia que no molestara, escondido tras las gafas de sol. Sentía que mi presencia allí era un insulto, una mancha en medio de un dolor que no me pertenecía. Cada palada de tierra que caía sobre el ataúd me retumbaba en el pecho. No solo enterraban al padre de la mujer que amo; estaban enterrando lo poco que quedaba de mí.

A unos metros
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