Aisha no entendió el cosquilleo que sintió en el vientre, al ver la postura del macho frente a ella.
Debería estar temblando de miedo bajo su mirada, pero lo cierto es que aquella sonrisa provocó algo dentro de ella inexplicable.
—No soy “cachorra”, Aisha. Tengo nombre, úsalo —dijo ella obstinada.
Pronto se dio cuenta del error que había cometido al ver la mirada intensa del macho frente a ella.
—¿Nadie le ha enseñado lo que es el respeto? —Preguntó él, sin apartar sus ojos, ni por un momento d