—¡Kian! ¡¿Por qué haces esto?! —las manos de Asling se aferraban a la camisa del Alfa mientras lloraba—. Prometiste hacerme feliz.
Kian tenía la mandíbula apretada tratando de controlar las emociones que lo estaban volviendo loco pero al ver a Asling llorando su pecho se apretó sintiendo culpabilidad por lastimarla el día de su boda.
Alzó la fina cara de su esposa conectando sus ojos a los suyos dándole una caricia en la mejilla.
—Necesito hacer esto.
—¡Pero acabamos de casarnos! ¡No puedes irt