—¿Cómo te atreves? —gruñó el Alfa sosteniendo a su prima.
Dana los miró a ambos con rabia pero después centró su atención en Kian.
—Ella me ofendió primero.
Su ladina sonrisa sarcástica hizo que el corazón de la Omega latiera mucho más rápido.
—Vete de aquí. Te encargarás de los trabajos de campo hoy, no quiero que estés cerca de la casa de la manada. Piérdete.
Dana apartó las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos, se dio la vuelta con dignidad tratando de no volver a mirarlo, aunque