Devanie estaba sentada mirando s su alrededor.
Una vez aquel precioso bosque estaba solitario.
Solo ella pero sabía que detrás estaba aquel macho que no dejaba de visitarla en sueños.
—¿Me mostrarás tu rostro? —preguntó ella sin girarse a mirarlo.
El macho no habló por unos largos minutos antes de que se sentara a su lado.
—Siempre lo hago.
A Deva le gustaba su voz. Era ronca y masculina y le erizaba la piel. Ni siquiera sabía porqué sentía aquello.
“¿Quizás porque él dice que es mi compañero?”