Aris no podía dormir.
El pensamiento de que Diana estaba sobre su cama, donde siempre debería estar provocó en el una lujuria que no podía reprimir.
Recordó el beso que habían compartido y lo idiota que había sido como para negar lo que sentía ahora estaba pasándole factura. No podía estar lejos de ella físicamente por el torbellino de emociones que ella le hacía sentir y que él como un idiota había ignorado por tanto tiempo.
Su orgullo y el deseo irrefrenable por adquirir más poder convirtiéndo