Clara contempló con horror la prueba de lo que llevaba sospechando desde hace mucho. Sus ojos se llenaron de lágrimas y contuvo un sollozo.
—¿Estás bien, niña? ¿De quién es esa criatura que viene en camino?
Clara tragó saliva antes de negar con la cabeza.
—Y-yo…
Al ver la incomodidad de la loba, la mujer habló una vez más.
—Clara. A partir de ahora no puedes hacer trabajos pesados. Hablaré con el Beta para pedirle que te ponga trabajos más suaves. Ahora que estás preñada…
—¡No! Por favor, nana