—¿Quién crees que eres? Levántate, es hora de trabajar.
Dana se levantó desconcertada, se sentía tan cansada pero sabía que debía obedecer o le esperaba un camino peor. El recuerdo de los azotes que Kian ordenó provocó un estremecimiento involuntario de su parte. De inmediato se aseó para seguir las órdenes a las que era sometida.
—Sirve a la princesa Asling, está esperándote.
Ella apretó con más fuerza la bandeja que estaba sosteniendo antes de asentir aunque cada parte de su cuerpo se estreme