Kieran miró al macho que estaba tirado en el suelo, y habló con los dientes apretados intentando refrenar la furia que sentía, pues estaba segura que terminaría matándolo de no detenerse a tiempo.
—No te quiero cerca de ella. Espero que lo entiendas tú y todos. Aisha es mía. No quiero que ni tú ni nadie esté persiguiéndola. Quiero que les quede claro que quien mire en su dirección, que siquiera respire su aire, estará muerto. ¿Está claro?
—Sí, Alfa Kieran. Está claro. No me acercaré a Aisha.
Kie