Cuando Amarok entró a su habitación esperaba ver a la cachorra en esta.
Incluso aunque lo ignorara su presencia lo reconfortaba como nunca nada lo había hecho.
Sin embargo, al notar la falta de su aroma embriagador se detuvo en seco.
Su mandíbula se apretó y trató de no gruñir.
Entró a la habitación recorriendo cada parte de esta con la mirada, sus ojos estaban adaptados a la oscuridad, inhaló profundo pero no había ni un atisbo de su olor en el lugar.
—¡Maldita sea!
Pateó la cama con su bota y