Punto de vista de Laila
—Laila —me llamó.
Seguí caminando.
—¿Vuelves al hospital? Deja que te lleve —ofreció—. Quiero ver cómo sigue mi padre. Y luego debo donar mi esencia de lobo a Ava.
Cierto. Eso tocaba hoy, pero estábamos muy adelantados gracias a lo rápido que había concluido la audiencia en el tribunal.
Me detuve y él hizo lo mismo, a mi lado.
—Yo te llevo —insistió.
—De acuerdo.
Apenas cruzamos palabra en el auto, pero los latidos del corazón me retumbaban en los oídos.
Al llegar, entra