Punto de vista de Laila
Jason fue al baño y volvió con un paño húmedo. Limpió el desastre con delicadeza, arrojó la toalla a un lado y se deslizó de nuevo en la cama conmigo.
Nos quedamos frente a frente, con su brazo descansando sobre mi cadera. Solo unos centímetros nos separaban, pero no sabía cómo acortarlos. Incluso después de lo que acabábamos de hacer y tras todo lo que le había revelado, ahora, en medio del silencio, todo me sobrepasaba.
—¿Puedes decirme qué pasó? —preguntó Jason—. En a