Llego al trabajo lista para ahogarme en pedidos y distracciones. La pequeña cafetería bulle de clientes matutinos, el aire impregnado del rico aroma a café y pasteles recién horneados. Suena jazz suave por los altavoces, creando una atmósfera acogedora que normalmente me tranquilizaría. Pero durante los últimos treinta minutos, Antonio me ha estado observando. No de forma sutil... mirándome fijamente. Cada vez que respiro, cada movimiento que hago, su mirada me sigue como una sombra de la que n