Abro la puerta de mi apartamento; la llave gira con un clic satisfactorio. Al entrar, no puedo evitar una leve sonrisa al cerrar tras de mí. La noche había sido absolutamente perfecta. El restaurante al aire libre, con las luces parpadeando entre los árboles, hacía que todo pareciera mágico. La comida estaba deliciosa: un plato italiano sofisticado cuyo nombre no podía pronunciar, pero del que no podía parar de comer. Pero no era el ambiente ni la comida lo que hacía latir mi corazón en este mo