Abro la puerta de mi apartamento; la llave gira con un clic satisfactorio. Al entrar, no puedo evitar una leve sonrisa al cerrar tras de mí. La noche había sido absolutamente perfecta. El restaurante al aire libre, con las luces parpadeando entre los árboles, hacía que todo pareciera mágico. La comida estaba deliciosa: un plato italiano sofisticado cuyo nombre no podía pronunciar, pero del que no podía parar de comer. Pero no era el ambiente ni la comida lo que hacía latir mi corazón en este momento.
Me llevo una mano al pecho, sintiendo el latido constante bajo la palma. La calidez que me recorre tiene todo que ver con la mirada de Roux desde el otro lado de la mesa iluminada por velas. Sus ojos azules eran tan intensos, tan enfocados, como si yo fuera la única persona en todo el restaurante. De verdad me escuchaba cuando le contaba mis sueños. Ni una sola vez me interrumpió ni intentó darme lecciones. Con Roux, me siento... segura. Respetada.
Mis dedos suben inconscientemente hasta