Mundo de ficçãoIniciar sessãoAbrí los ojos de golpe. Antonio estaba de pie al borde de mi catre; la tensión irradiaba de sus anchos hombros.
—¿Antonio? —susurro, con el miedo apoderándose de mí—. ¿Es Milo? ¿Pasó algo?
Se pasa una mano por el pelo despeinado. —Sí y no. Aziel llamó. Tenemos que volver inmedia







