79. No soy cómo tú
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Zaira
Mi advertencia salió como un rugido, como el grito de una leona defendiendo a sus cachorros. No podía permitir que él las reclamara, que el peso de su apellido y el poder de su familia interfirieran en nuestra vida.
La familia Seraphiel tenía recursos ilimitados, conexiones, abogados que podían conseguir cualquier cosa. Si ellos decidían quitármelas, lo harían sin pestañear. El pensamiento me llenó de terror. No podía permitirlo. No podía perder a mis niñas. Me moriría sin ellas.
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