78. Son mías
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Zaira
Tenía un nuevo nombre, una madre biológica que me amaba, unas hijas hermosas y traviesas… y ahora aparece él para arruinarlo todo.
Me solté de su agarre con un tirón, sin importar si se daba cuenta de mi molestia.
—Son mías, Gabriel, y eso es todo lo que importa —dije con firmeza antes de girarme y marcharme. No miré atrás, no podía permitirme que viera la tormenta en mis ojos.
Cerré la puerta de mi oficina con fuerza, casi como si quisiera encerrarlo a él, sus recuerdos, y todo lo que