77. Abismo de tristeza
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Selena
Los meses comenzaron a pasar como agua entre mis dedos convirtiéndose en años. Me comunicaba dos veces por semana con Zaira, y aunque nuestras llamadas me llenaban de alegría, no podía evitar extrañarla profundamente. Las fotos que me enviaba de ella y las niñas, junto con las ecografías del bebé, me hacían sentir que estaba viviendo parte de su felicidad, aunque estuviera lejos.
Estaba mirando una de esas fotos en mi teléfono cuando Bishop entró a la habitación.
—¿Qué estás viendo