63. Cámaras
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Gabriel
El whisky ardía en mi garganta, pero no lo suficiente para silenciar el caos en mi mente. Me había encerrado en mi oficina, refugiándome en el trabajo como un cobarde. Cada vez que cerraba los ojos, la veía a ella: Zaira. Su rostro lleno de lágrimas, su mirada rota, su espalda alejándose de mí.
¡Maldición!
Intentaba convencerme de que esto era lo mejor. De que alejarme era lo correcto, pero ¿a quién engañaba? Todo en mí quería correr tras ella, buscarla, decirle que…
La puerta se