62. Subasta
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Selena la miró con ojos desorbitados, pero no respondió. Su corazón latía tan rápido que temía que se detuviera en cualquier momento.
—¡Siguiente! —rugió el hombre calvo y tatuado desde el otro lado de la cortina.
La primera mujer salió, sosteniendo su cabeza en alto como si estuviera acostumbrada a este tipo de humillaciones. Selena intentó retroceder, pero la mano del guardia en su espalda la mantuvo en su lugar.
—Tranquila, princesa, todavía no es tu turno. Eres la penúltima —le susur