51. Para humillarla
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Zaira
Decidí no llamar a mi madre esa noche. Selena insistió en que descansara, que lo dejara para más adelante, pero mi mente no encontraba paz. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes del vídeo y los cuchicheos en la fiesta volvían a mí como una tormenta implacable.
Esa madrugada, mientras me revolvía en el sofá de Selena, recibí un mensaje de un número desconocido. Lo abrí sin pensar, y ahí estaba: un enlace. Mi corazón se hundió al ver el título del vídeo.
“Helen en una fiesta priva