20. Hombres temblando
20
Zaira
—No debí hacerte caso. No me vuelvas a arrastrar a tus ideas tontas y absurdas.
Me levanté de la silla con un movimiento brusco, ignorando las miradas curiosas de las otras mesas. Ni siquiera sabía a dónde iba, pero necesitaba salir de ahí antes de perder completamente el control.
Llegué a casa de Karen con el corazón hecho un nudo y la cabeza llena de frustración. Apenas abrió la puerta, me miró y no dijo nada, solo me abrazó con fuerza. Sus brazos eran el refugio que necesitaba, y