VI. La nueva inquilina es mi socia
Al otro día, Morag tomó un taxi, hasta la hacienda apartada de Evan.
Se regañaba mentalmente, por parecer una chiquilla enamorada, anhelando ver a su primer novio.
Ya estaba un poco mayorcita para esas tonterías, pero su corazón traicionero comenzó a latir con fuerza cuando vio, a lo lejos, acercarse el viñedo de los Murray.
Solo que todo ese entusiasmo, se enfrió como si le hubiese caído un cubo de agua fría encima, cuando vio otro auto estacionado en las afueras de la hacienda y por su numera