Morag llegó a su destino al sur de Escocia.
Ya la estaba esperando el auto que coordinó su secretaria y la llevaría hasta el pequeño viñedo.
No le había avisado al propietario que venía, porque quería ver con sus propios ojos cómo estaba en realidad el sitio, sin darle tiempo a maquillarlo o inventarle mentiras, para subir su valor real.
Miraba por el camino los campos hermosos que relajaban su mente y decidió que se pasaría unos días aquí, luego de resolver lo de la venta.
Morag le indicó al c