POV: Alma
La primera señal no es el ruido. Es el silencio.
Estoy en el sofá cuando las luces se apagan de golpe. El panel de “cielo nocturno” muere. El zumbido de ventilación se corta. Todo es negro. Todo es mudo.
Mi pecho se cierra. No estás en la clínica, pienso, pero el cuerpo no cree en los pensamientos. La oscuridad huele a desinfectante y a puertas con cerrojo.
—Alma.
Su voz viene del pasillo antes que sus pasos. Alex. La puerta se abre. Él entra con una linterna, su silueta recortada en la luz angosta.
—Falló la alimentación principal —dice—. El backup tardará. Respira.
Obedezco. Su voz es un ancla.
La linterna barre las paredes sin ventanas. La idea de quedar atrapada aquí me aplasta, aunque sea por minutos. Él lo ve.
—Mírame.
Me acerco a la luz hasta que su cara es todo lo que veo. Está aquí. Conmigo.
—No es un ataque —añade—. Es un cable. Solo un cable.
Suena ridículo. Quiero llorar.
—Odio este piso —susurro.
—Lo sé.
Se sienta a mi lado. Su muslo está a un centímetro del mío