Marina
Me sentía la mujer más dichosa del mundo. No solo bailamos esa pieza tan íntimamente, sino que bailamos dos más. Estábamos bastante cansados y nos dirigimos a la zona de las mesas donde habían colocado bebidas y canapés. Sin duda habían pensado bien, porque después de tanto baile lo que más me apetecía era beber algo fresquito y un bocado de algo que me devuelva las fuerzas. Sorpresivamente los aún andaba bastante cómoda con aquellos tacones endiablados.
Paul y yo nos reímos coquetament