Mundo de ficçãoIniciar sessãoAlicia
Como todas las mañanas desde que empezó esta pesadilla del divorcio, Diego espera a que nuestro hijo se marche para la escuela y empiezan los gritos, los reproches y las malas palabras. No habían pasado ni treinta minutos desde que me levanté de la cama y había ayudado a mi niño a preparar todas las cosas de cole, y ya lo tenía ahí batallando como siempre.—¡Tú






