Por Gonzalo
A las dos de la tarde me desperté pegado a ella, con mi erección en su cola, Debi seguía durmiendo y yo, lentamente comencé a acariciarla, hasta que se despertó.
Por fin tengo sus besos, se me hicieron eternos los días en que no la tuve y ahora no puedo alejarme de ella.
-Hola amor.
Me dijo y yo prácticamente estaba agarrando los preservativos.
-Me quiero duchar primero.
Me sirve, esas palabras son una promesa de sexo.
En cuanto abrió la ducha, yo me metí con ella.
-Ya me imaginaba