Por Débora
No dejó de besarme en ningún momento, creo que hasta se olvidó que estábamos en el casamiento de su hermano.
Sus manos se volvieron más…juguetonas.
-Gonzalo, nos están mirando.
Le digo en el oído.
-No me hables en el oído porque no soy dueño de mí.
Me lo dice de la misma manera, pero su boca se queda mordisqueando el lóbulo de mi oreja.
-Gonzalo…
-Te deseo, estoy hambriento de vos, si supieras lo destruido que estoy sin vos, mis sábanas están frías y mi cuerpo necesita tu calor, nece