Por Débora
Como me habían dicho las chicas, Gonzalo volvió a la boutique de su madre.
Escuché la puerta cuando entró, e iba a fijarme quien era, pero olí su perfume.
No levanté la cabeza, esperé que salude a su madre, pero tardó en hacerlo, cuando lo escuché saludar, lo miré por un segundo y volví a bajar la cabeza para mirar mis apuntes, que en ese momento eran sólo letras sin ningún sentido.
Al instante lo tenía delante mío, me hizo parar, diciéndome que necesitábamos hablar.
¿Qué otra mentir