Nikolai salió de su mansión como un huracán, con el teléfono pegado al oído y la mandíbula apretada hasta el punto de dolerle.
—Encuéntrenla. Ahora.
No esperó respuesta antes de colgar. Sus hombres ya estaban en las calles, revisando hoteles, rastreando cámaras de seguridad, buscando cualquier rastro de Anya. Y todo porque ese maldito Petrov la tenía en sus manos.
La rabia lo consumía. Alessandro Petrov no era alguien que se interesara en una mujer sin motivo. Si la había salvado, si la había m