Ariane
Ella se queda con la boca abierta, completamente desconcertada por el tono dulce que él utiliza conmigo.
Sí, debes saber cuál es tu lugar, sala de perras. La jefa aquí soy yo.
—Bebé, ¿qué vamos a beber? —le digo, deslizando mis dedos por su cuello, acariciándolo con suavidad—.
—¿Qué quieres tomar, mi ángel? —me responde con esa voz que derrite.
Adopto esa actitud cándida, casi infantil, solo para demostrarle a la otra que soy la bebé, el corazón de su jefa. Y él me lo devuelve con creces