Auracio
Imagino sus labios sobre mí, en mi sexo, que reacciona a ese pensamiento. Le pido que espere, pronto será la fiesta en casa, podrá divertirse a voluntad, pero hay que esperar hasta mañana. Mañana no vamos a dejarla pasar. Me subo a acostarme junto a ella. Le digo: “Te tendré, por fin podré dormir.” Ella se mueve en su sueño y el margen se escapa. ¡Dios santo, ¿qué me estás haciendo?! Sus lindas nalgas están descubiertas. ¡Oh, Dios mío! Cierro la puerta y vuelvo a salir. No puedo dormir