Ariane
Él presiona, coquetea, muerde mis senos.
Sus manos no permanecen inactivas.
Frotan las puntas de mis senos; están erectas, pidiéndome aún más.
Me he convertido en una verdadera fuente ahí abajo.
—Vamos a acostarnos —lo digo para mantenerlo a distancia.
—No quiero separarme de ti.
—Tendrás que hacerlo. Si no, ¿cómo iremos a la habitación?
Él me levanta a caballito, mis pies se enroscan alrededor de él.
Va a tomar el ascensor para ir a su habitación.
—Sabes que arruinaste mi vestido. ¿Y si