Tardé tres meses en rendirme al interminable surtido de prendas de diseño que Glitz se empeñaba en proporcionarme.
Doce larguísimas semanas de catorce horas diarias de trabajo y nunca más de cinco horas seguidas de sueño. Doce miserables semanas sintiéndome diariamente observada de los pies a la cabeza, sin recibir jamás un cumplido o como mínimo la impresión de que estaba aprobada.
Doce semanas horriblemente largas sintiéndome como una estúpida y una incompetente. Así que decidí comenzar mi c