La puerta del elevador se abrió al vestíbulo, donde encontré a Eliza hablando a voz en grito por el móvil. Al verme se detuvo.
—¿Cómo ha ido? Supongo que bien.
Pensé en contarle lo ocurrido, deseé con todas mis fuerzas que ella fuera una compañera solidaria, que formáramos un equipo, pero sabía que solo podía esperar otro regaño de su parte. Y en ese momento era lo último que me quería.
—Todo ha ido como la seda. Estaban cenando y me limité a dejar las cosas exactamente donde me dijiste.
—